Oración decimonoveno día de Cuaresma

por | 07/03/2021

Hoy es 7 de marzo, domingo de la III semana de Cuaresma. Día y colecta de Hispanoamérica. Jesús «sube a Jerusalén» y se dirige al templo. El templo era el centro de la vida judía. Jesús no está en contra del templo, sino en lo que ha llegado a ser: un mercado en vez de un lugar de oración. Para Jesús, el templo era el lugar para venerar al Padre, el padre que nos ama igualmente y cuyo amor no se puede comprar. A veces podemos entrar en negociaciones con Dios. Puedo decir: «si haces esto por mí, yo haré eso por ti». Fácilmente puedo volver mi relación con Dios en un tipo de transacción. Cuando paso un tiempo en oración, ¿busco a Dios o lo que él me pueda dar? Paso algunos minutos ahora mismo enfocándome en Dios sin agenda, sin teléfono, solo en su compañía.

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 2,13-25

«Como se acercaba la fiesta de la Pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén; y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que tenían puestos donde cambiar el dinero. Al ver aquello, Jesús hizo un látigo con unas cuerdas y los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los bueyes. Arrojó al suelo las monedas de los cambistas y les volcó las mesas. A los vendedores de palomas les dijo: “¡Sacad eso de aquí! ¡No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre!”. Sus discípulos recordaron entonces la Escritura que dice: “Me consumirá el celo por tu casa”.
Los judíos le preguntaron: “¿Qué prueba nos das de que tienes autoridad para actuar así?”. Jesús les contestó: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”. Le dijeron los judíos: “Cuarenta y seis años tardaron en construir este templo, ¿y tú vas a levantarlo en tres días?”. Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo. Por eso, cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de lo que había dicho y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús. Mientras Jesús estaba en Jerusalén, en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía. Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos. No necesitaba ser informado acerca de nadie, pues él mismo conocía el corazón de cada uno».

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

TEXTO ENCÍCLICA:

«Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás”».

Fratelli Tutti, nº 12

REFLEXIÓN PERSONAL:

El comercio era necesario para sostener la adoración de Dios en su Templo. Los animales tenían que ser vendidos para el sacrificio. Las monedas romanas tenían que ser cambiadas por monedas judías para pagar los impuestos del templo. Pero, ¿dónde debía tener lugar este comercio? No dentro del recinto del templo. Jesús está furioso porque la casa de su Padre ha sido convertida en un mercado. ¿Expresa Jesús su rabia adecuadamente?, ¿qué podría profanar hoy nuestros lugares de oración?
El Evangelio de Juan juega frecuentemente con el doble sentido de las palabras. Los judíos entienden por «templo» lo que aplica solamente al edificio en el cual están parados. Jesús sin embargo está utilizando el término para su propio cuerpo y está profetizando su resurrección. Éste iba a ser el símbolo por el que ellos estaban preguntando.
Cuando veo cosas malas que están sucediendo, ¿hago algo al respecto?, ¿alguna vez encontrado una incomprensión similar en conversaciones acerca de materias religiosas?
Necesito pedirle a Jesús algo de su coraje para comprometerme por la verdad y no ceder en aquello que me amenaza.

CANCIÓN:

“Me tocas” (Salomé Arricibita)

ORACIÓN FINAL:

Yo quiero entrar en tu Casa y habitar en tu Templo, Señor.
Gracias, Señor, por quedarte entre nosotros, en el Sagrario.
Gracias, Señor, por necesitarnos.
Gracias, Señor, porque nos das la oportunidad de visitarte en tu Casa.
Gracias, Señor, porque en tu Casa nos sentimos hermanos, hijos tuyos.
Yo quiero entrar en tu Casa y habitar en tu Templo, Señor.

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