Oración trigésimo día de Cuaresma

por | 18/03/2021

Hoy es 18 de marzo, jueves de la IV semana de Cuaresma. Celebramos la festividad de San Cirilo, que fue Obispo de Jerusalén (siglo IV) y Doctor de la Iglesia. Es recordado por haber estado presente en el gran Concilio de Constantinopla (segundo Concilio Ecuménico) y ser fiel defensor de la doctrina católica en contra de la herejía arrianista. Que al igual que san Cirilo, sepamos dar razón de nuestra fe y esperanza defendiéndola con respeto y mansedumbre (1Pe 3,15).

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 5,31-47

«En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay Otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí. Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis. Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida! No recibo gloria de los hombres; además, os conozco y sé que el amor de Dios no está en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?”».

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

TEXTO ENCÍCLICA:

«Asaltan a una persona en la calle, y muchos escapan como si no hubieran visto nada. Frecuentemente hay personas que atropellan a alguien con su automóvil y huyen. Sólo les importa evitar problemas, no les interesa si un ser humano se muere por su culpa. Pero estos son signos de un estilo de vida generalizado, que se manifiesta de diversas maneras, quizás más sutiles. Además, como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos. Estos son síntomas de una sociedad enferma, porque busca construirse de espaldas al dolor».

Fratelli Tutti, nº 65

REFLEXIÓN PERSONAL:

El proceso de defensa que hace Jesús ante los judíos por su actividad curativa en sábado requiere testigos y la primera pregunta que podemos hacernos es: ¿Quién dará testimonio de Jesús?
El primer testimonio es el del propio Jesús, que es aceptable, pero no válido para la praxis judía que exigía, en todo juicio, presentar testigos cuya palabra fuese digna de confianza. Jesús acepta esta situación y presenta, tras la enigmática invocación de «Otro», el testimonio de Juan el Bautista, lámpara que produjo luz y alegría a los judíos, pero que fueron incapaces de aceptar ahora a aquel de quien el Bautista da testimonio: «Y como lo he visto, doy testimonio de que Él es el Hijo de Dios» (Jn 1,34).
En segundo lugar, presenta un testimonio aún mayor: el de sus obras. Jesús tiene una tarea, una obra que realizar, cuyo origen se encuentra en Dios.
En tercer lugar, Jesús habla del testimonio del Padre clarificando quién es el «Otro», pero los judíos nunca han oído ni visto al Padre por lo que su palabra no habita en ellos y no reconocen al Hijo enviado.
Por último, Jesús presenta la incapacidad de los judíos para leer y comprender correctamente los escritos de Moisés lo que les impide creer en sus palabras.
La segunda pregunta que nos podemos hacer es: ¿qué obras podemos presentar nosotros que den testimonio de cómo construimos una sociedad más fraterna basada en el Evangelio?
La parábola del «buen samaritano» (Lc 10,25-37), eje referencial de la encíclica «Fratelli Tutti», nos enseña cómo podemos construir una sociedad más fraterna en la que todos sepamos «hacer nuestra» la fragilidad del otro.
El individualismo, imperante en la sociedad actual, no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. Una sociedad fraterna es la que se preocupa por garantizar de modo eficaz, afectivo y estable que todos se sientan atendidos y acompañados en sus vidas y esto sólo es posible desde la fe en Cristo. Veamos su rostro en nuestro prójimo y, desde el mandato del amor, hagamos realidad la Buena Noticia del Reino.

CANCIÓN:

“Ellos son tu rostro” (Ixcis)

ORACIÓN FINAL:

Señor Dios nuestro, te pedimos la gracia para escuchar a los descartados y excluidos de esta sociedad levantada a espaldas del dolor. Ayúdanos a construir una existencia mejor para todos, en la que permanezcamos firmes, fieles y unidos a ti y a Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro por los siglos de los siglos. Amén.

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