Oración del trigésimo primer día de Cuaresma

por | 27/03/2020

Hoy es 27 Marzo 2020, Viernes IV de Cuaresma, Día De Abstinencia. La palabra de Dios nos presenta a Jesús enseñando en el templo y reconociendo públicamente de dónde viene y quién le envía. La abstinencia de este viernes podemos ofrecerla por las veces que actuamos o servimos  en nuestro nombre y beneficio.

EVANGELIO DEL DIA: Juan 7, 1-2. 10. 25-30.

Después de esto, Jesús andaba por Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Pero se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces él también subió, no manifiestamente, sino de incógnito.

Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que este es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es.»

Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado.»

Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora”.

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!.

TEXTO VICENCIANO: “¡Esos sí que son buenos misioneros!” (S.V.P. XI, 122)

“En Madagascar los misioneros predican, confiesan, catequizan continuamente desde las cuatro de la mañana hasta las diez, y luego desde las dos de la tarde hasta la noche; el resto del tiempo lo dedican al oficio y a visitar a los enfermos. ¡Esos sí que son obreros! ¡Esos sí que son buenos misioneros! ¡Quiera la bondad de Dios darnos ese espíritu, que los anima y un corazón grande, ancho, inmenso! Magnificat anima mea Dominum: es preciso que nuestra alma engrandezca y ensalce a Dios, y para ello que Dios ensanche nuestra alma que nos dé amplitud de entendimiento para conocer bien la grandeza, la inmensidad del poder y de la bondad de Dios; para conocer hasta dónde llega la obligación que tenemos de servirle, de glorificarle de todas las formas posibles; anchura de voluntad, para abrazar todas las ocasiones de procurar la gloria de Dios. Si, la Misión lo puede todo, porque tenemos en nosotros el germen de la omnipotencia de Jesucristo”.

REFLEXIÓN PERSONAL: Jesús es el misionero del Padre, con mansedumbre acepta la misión que el Padre le encomienda y reconoce ante sus paisanos que Él es el enviado del  Padre. San Vicente  nos recuerda con sus escritos cómo son los misioneros y cómo debemos nosotros alabar con nuestra alma al señor, para que nuestro servicio, nuestra labor, nuestra vida sea un canto de alabanza. La misión de cada uno de nosotros tiene como fin alabar la grandeza de Dios, en todos los momentos. En los momentos en que sentimos que la vida  va bien y en momentos como los actuales en que la pandemia mundial nos posiciona ante situaciones nuevas y diferentes.

ORACIÓN FINAL:

Ante ti Padre me postro hoy; como tu Hijo Jesús, quiero ser tu enviado a anunciar tu Reino.
Señor infunde en mí tu Espíritu, para que me dé fortaleza en la misión que me encomiendas, y mi vida se convierta en un canto de alabanza a tu grandeza, en todas las situaciones que nos  toque vivir.
Amen.

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