Oración del décimo tercer día de Cuaresma

Hoy es 9 Marzo 2020, Lunes II de Cuaresma… El Evangelio nos invita a imitar a Jesús,  a amar sin medida,  sentirnos amados, y ser transmisores de esperanza.

EVANGELIO DEL DIA: Lucas 6, 36-38

“Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá”.

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!.

TEXTO VICENCIANO: “Vemos a personas que parecen con gran mansedumbre” (S.V.P. XI 751-752)

Vemos a personas que parecen dotadas de gran mansedumbre, pero no es más que efecto de su carácter moderado; más carecen de la mansedumbre cristiana, que consiste en reprimir y apagar los brotes del vicio contrario… Tenemos aquí un ejemplo de verdadera mansedumbre; lo digo, porque no está presente esa persona, y porque todos podéis claros cuenta de su carácter seco y árido; es el Padre (X). Seguro que no conocéis a dos personas tan duras y avinagradas como él y como yo; sin embargo, vemos cómo ese hombre se vence hasta el punto de que hay que decir que no es ya lo que era. ¿A qué se debe? A la virtud de la mansedumbre, en la que él se esfuerza… Caminad, dignamente, como dice el Apóstol, y con toda mansedumbre y jovialidad en el estado al que os ha llamado Dios”.

REFLEXIÓN PERSONAL:

Jesús nos invita a ser como Dios es, ¡nada menos! Él no intenta sobresalir o hacer que nos sintamos frustrados/as por una invitación tan enorme, sino que quiere que nos maravillemos ante la inmensidad de la capacidad de Dios para amar. En nuestra humanidad, no somos infinitos, pero somos llamados a un mayor amor y esperanza. La invitación nos alcanza mientras estamos en nuestras vidas, llamándonos a permanecer en la vida de Dios. San Vicente lo traduce en la Virtud de la mansedumbre, con la que aprender a tratar y estar con l@s demás fraternalmente, apagando nuestros brotes de indiferencia, ira, injusticia, venganza, egoismo. Esto nos lleva a vivir nuestra fe digna y jovialmente, como agrada a Dios.

ORACIÓN FINAL:

Jesús, gracias por mostrarme claramente el camino a seguir.
Ser misericordioso, no juzgar, no condenar, perdonar y dar generosamente. Suena fácil… pero contrario a mi tendencia egoísta y soberbia.
¡Ven Espíritu Santo! Ilumina mi mente e inflama de amor mi corazón, para que esta oración sea el punto de partida de mi transformación de ciudadano del mundo a discípulo y misionero de tu amor.
¡Amen!

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