Oración trigésimo segundo día de Cuaresma

por | 06/04/2019

Hoy es sábado 6 de abril de la cuarta semana de Cuaresma. Nuestra alegría es compartir esta fe y responder juntos al Señor Jesús: “Tú eres para nosotros el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Nuestra alegría también es ir a contracorriente e ir más allá de la opinión corriente, que, como entonces, no logra ver en Jesús más que a un profeta o un maestro. Nuestra alegría es reconocer en Él la presencia de Dios, el enviado del Padre, el Hijo que vino para ser instrumento de salvación para la humanidad. (Homilía de S.S. Francisco, 10 de noviembre de 2015).

Jn 7, 40-53

“En aquel tiempo la gente que oyó estos discursos de Jesús, unos decían: Este es verdaderamente el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero otros replicaban: ¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David? Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Respondieron los guardias: Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre. Los fariseos les respondieron: ¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos. Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: ¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace? Aquellos le respondieron: ¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta. Y se volvieron cada uno a su casa”.

Palabra de Dios

TEXTO VICENCIANO

Dar ejemplo con un debate fecundo: Nunca debemos comenzar desesperándonos de los que niegan. No se trata de mortificarles, sino de convencerles. La refutación es suficiente humillación para ellos, cuando es concluyente. Cualquiera que sea la deslealtad o la brutalidad de sus ataques, mostrémosles el ejemplo de una generosa controversia. Cuidémonos de exasperar su orgullo por el abuso, y no les empujemos a condenarse en lugar de retractarse. El número de los que dudan es aún mayor. Hay mentes nobles que se desvían por los vicios de la educación recibida, o por la fuerza del mal ejemplo. Muchos de ellos sienten con amargura la miseria de su incredulidad. Les debemos una compasión no exenta de estima. Sería astuto, aunque no fuese justo, no devolverlos a la multitud de infieles impíos, distinguir su causa y no confundir a extraños con enemigos… Hay algunos que, después de haber esperado un corto tiempo a estas personas tardías, pierden la paciencia y se irritan con su lentitud. No perdamos la paciencia. Dios es paciente porque es eterno; así también sean los cristianos”.

(Federico Ozanam, “Los deberes literarios de los creyentes”, en “OEUVRES”, tomo VII)

REFLEXIÓN PERSONAL

En este pasaje muchos se maravillan de la humilde procedencia de Jesús, pero porque no lo conocen. A nosotros nos puede pasar igual, asombrarnos de lo que se dice de Dios, malo o bueno, pero nosotros no decimos nada porque le conocemos muy poco y no lo hemos experimentado.

Quien oye las palabras de Cristo no puede quedar igual. Los soldados no lo pueden detener, los fariseos se enojan más aún y no pueden seguir con sus planes… En cambio, los que andamos en búsqueda, estamos invitados a acercarnos a Cristo, dejar que nos hable por medio de la Palabra, de la Eucaristía, de la Reconciliación, del encuentro con el Pobre… Una sale transformada de cada encuentro con el Señor, no porque nosotros hagamos o digamos algo, sino porque es Él el primer interesado en nuestro bien, en que se cumpla nuestra vocación a la felicidad.

Pero poseer a Cristo es también transmitirlo, y al transmitirlo a los demás corremos el riesgo de no ser tomados en cuenta, o de ser juzgados injustamente. Así le pasó a Nicodemo. Estas son las injusticias que sufren los amigos del Señor, pero Él ya lo había anunciado en el sermón de las bienaventuranzas.

CANCIÓN

“Amigo del alma” (Ixcís)

ORACIÓN FINAL

Señor mío y Dios mío, Tú sabes que soy débil y muchas veces me dejo llevar porque aún no te conozco bien, porque no termino de fiarme de tu Palabra. Hoy me propongo dejarme guiar por los impulsos del Espíritu Santo para disfrutar de los frutos que darán mis talentos puestos al servicio de la comunidad.

El amor, la alegría, la paz, la tolerancia, la amabilidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, el dominio de sí… son subversivos, son rompedores, son Palabra de Dios.

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