Oración duodécimo día de Cuaresma

por | 17/03/2019

Hoy es domingo 17 de marzo de la segunda semana de Cuaresma, y se nos invita a reconocer a la divinidad, a saber ver en Jesús al Padre, ver al Hijo de Dios, que a su vez se hace humano y pobre.

Lc 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra de Dios

TEXTO VICENCIANO

La experiencia, madre de la ciencia: Estamos convencidos de que la ciencia de las reformas benéficas no se aprende en los libros ni en las tribunas de las asambleas públicas, sino al subir a los cuchitriles de los pobres, al sentarse a su cabecera, al sufrir el frío que ellos sufren, al arrancar, con la efusión de un coloquio amigable, el secreto de sus almas desoladas.

Cuando alguien se dedica a ese ministerio, no durante algunos meses, sino a lo largo de los años, entonces se puede comenzar a conocer los elementos fundamentales de ese problema que se llama miseria. Se tiene, entonces, derecho a proponer medidas serias, las cuales, en lugar de asustar a las personas, sirvan de consuelo y esperanza.

(Federico Ozanam, a la Asamblea General de la SSVP, 14 de diciembre de 1848).

REFLEXIÓN PERSONAL

Qué gran misterio supone saber que Dios, siendo Dios, se hace hombre y a la vez se nos hace presente en el hombre y mucho más presente en el hombre pobre. Qué gran alegría saber que en la vida compartida, estamos disfrutando de la presencia de Dios, que se encarna en la miseria humana para dar un mensaje de esperanza. Y este es el centro de nuestro carisma, carisma que hace que la divinidad y lo humano se unan en una sola palabra, el Amor.

CANCIÓN

“No te pude ver” (Brotes de Olivo)

ORACIÓN FINAL

Fortalece Señor nuestros corazones y nuestro entendimiento
E inspíranos tu Amor de Padre,
Haznos reconocer tu presencia en el hermano
Y así poder santificarle.
Envíanos a descubrirte en el hermano que sufre
Siendo portadores de tu Esperanza.
Amén.

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