Oraciones de septiembre: «DÍA 16: LLAMADA UNIVERSAL A LA SANTIDAD»  

DÍA 16: LLAMADA UNIVERSAL A LA SANTIDAD

Hoy el Señor te recuerda que la santidad no es para unos pocos, sino para todos/as. No es cuestión de lugar, sino de actitud. Como misionero/a, estás llamado/a a vivir la santidad en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo entregado. Que este momento de oración te ayude a reconocer la luz que Dios ha puesto en ti y en los demás.

Respira profundo y repite esta frase-oración:

“Señor, hazme santa en lo sencillo, en lo oculto, en lo entregado. Que tu luz brille en mí, aunque sea tras el velo.”

Evangelio del día: Hebreos 12, 14

Procurad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl

No es la religión la que hace a los santos; es el cuidado que ponen las personas que están en ella de perfeccionarse, pues puede muy bien haber en una religión personas imperfectas y viciosas, como se ha visto a veces. Esto os demuestra que no es necesario estar encerrado en un claustro para adquirir la perfección que Dios pide de vosotras».

SVP XI, 764

Para la reflexión personal

La carta a los Hebreos nos dice que sin santidad nadie verá al Señor. La santidad es el camino, no la meta. Es vivir en paz, en entrega, en comunión. Nosotros/as misioneros/as no buscamos ser admirados/as, sino ser verdaderamente transparentes a la luz de Dios.

San Vicente nos recuerda que no es la religión la que hace santos, sino el esfuerzo por perfeccionarse. La santidad no está encerrada en un claustro, sino en cada gesto de amor, en cada renuncia, en cada servicio.

El poema nos habla de rostros que dejan pasar la luz, aunque no se vean del todo. La santidad es translucidez, es dejar que Dios brille a través de nosotros, sin protagonismo, sin ruido. Es repartir alegría como si fuera agua o pan: algo ordinario, pero profundamente divino.

¿Qué gestos sencillos me acercan a Dios y a los demás?

¿Reconozco la santidad en los rostros que me rodean?

Oración final

Una vez entendí —aunque luego lo olvidé—
que la vida nueva llega sin demora.
Vi rostros que dejaban pasar la luz,
no del todo claros, pero llenos de esperanza.
Como papel fino que deja brillar
lo que hay detrás, sin mostrarlo del todo.
Esa luz es de los resucitados,
que no recuerdan la tumba,
solo la alegría que reparten
como si fuera pan o agua.
Santos sin saberlo,
transparentes en su amor.

Amén.

Entrada anterior
Oraciones de septiembre: «DÍA 15: AMIGOS DEL ALMA»  
Entrada siguiente
Oraciones de septiembre: «DÍA 17: LA LLAMADA UNIVERSAL A LA MISIÓN»