Oración vigésimo noveno día de Cuaresma 2025

Hoy es miércoles 2 de abril. Vigésimo noveno día de Cuaresma.

Dios nos invita esta mañana a acoger el don de su Palabra. Una palabra sanadora, que calma y llena de esperanza al mismo tiempo. Seamos conscientes de su presencia en nuestras vidas y dejemos que actúe en nosotros.

Evangelio del día: Jn 5,17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.  Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl

No basta con que tengáis fervor en vuestro espíritu y que lo sintáis en el corazón; además es necesario que procuréis infundirlo en las damas mediante las buenas palabras que les dirigiréis cuando tengáis ocasión, diciéndoles algunas ideas de vuestra oración, aunque sin decir que habéis pensado en ello durante la oración; y lo que le digáis a una, podéis decírselo a otra. Así no tendréis dificultad en encontrar cosas que las animen. Unas veces les referiréis el ejemplo de los santos que se entregaron al servicio de los pobres».

SVP IX, 1096

Para la reflexión personal

Este pasaje nos invita a reflexionar sobre la relación entre el Creador y nosotros, sus criaturas, y cómo esta relación se manifiesta en nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en las relaciones personales y en cada encuentro con los hermanos.

Se trata de la continua obra del Padre y del Hijo, recordándonos que la divinidad nunca descansa en su misión de amor sin condiciones. En nuestra vida diaria, estamos llamados a ser reflejo de esta obra continua, buscando siempre actuar según los planes de Dios, mucho más interesantes que los nuestros. Párate un momento a reflexionar sobre tu propia capacidad de escucha y obediencia. La obediencia no es una restricción, sino una liberación que nos permite actuar con verdadera libertad, la libertad de los hijos de Dios. Esta obediencia se nutre de una escucha activa, no solo de la palabra divina, sino también de las necesidades y esperanzas de nuestra comunidad.

Como cristianos y vicencianos estamos llamados a participar en la misión de Jesús, siendo instrumentos de su justicia y amor en el mundo. En nuestra vida cotidiana, esto significa ver cada encuentro, cada desafío, como una oportunidad para ser testimonio del amor divino.  Así lo recuerda san Vicente a las hermanas.

En cuanto al juicio, debemos recordar que la verdadera justicia está siempre acompañada de misericordia. Es una invitación a ser justos y misericordiosos en nuestras relaciones, evitando juzgar precipitadamente y buscando siempre el bien del otro. 

Es una llamada a una vida vivida como unión con Dios, marcada por la obediencia, la escucha activa, el servicio y la misericordia. Que estas palabras nos inspiren a vivir nuestra fe con renovado compromiso, siendo luz en la oscuridad del mundo. No nos guardemos las palabras y seamos misioneros con obras y palabras.

Canción: Nadie te ama como yo (Martín Valverde)

Oración final

Tan sólo con callar ya te encuentro, 

tan sólo con callar ya me encuentras. 

¡Qué sencillo y simple! Tan sólo con callar. 

¿Por qué siendo así, callar es tan difícil? 

Tú estás aquí, en mis adentros. 

Y desde ahí me vives, 

y desde ahí me susurras tus Palabras. 

Apaga en mí, Señor, todas las voces extrañas 

que ocultan tu palabra. 

Libérame de mí mismo, de mis sueños y deseos egoístas, 

de mis miedos y estériles ansiedades. 

Sáname desde lo profundo. 

Ayúdame a quitar de mí, todo lo que no sea de ti. 

Que la plenitud de tu palabra 

vaya apagando la pobreza de mis palabras, 

vaya enmudeciendo sonidos y voces extrañas. 

Y sea en las entrañas de este silencio 

donde pueda vivir por siempre tu encuentro.

Amén.

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