Oración Domingo de Ramos 2025

Hoy es 13 de abril, Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, puerta de entrada a la Semana Santa. El camino de la Cuaresma nos ha traído hasta este día, demos gracias al Señor por ello. Sigamos haciendo nuestra oración para vivir estos días tan importantes de forma intensa. Sigamos caminando hacia la Pascua como Peregrinos de esperanza.

Evangelio del día: Jn 22,14–23,56

En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

Y se pusieron a acusarlo diciendo:
S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilatos le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él le responde:
+ «Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.
C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.


Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo:
S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos vociferaron en masa:
S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».
C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:
S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Por tercera vez les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío.
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: «Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Caed sobre nosotros», y a las colinas: «Cubridnos»; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:
S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada».
C. Y decía:
S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:
S. «Realmente, este hombre era justo».

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl

De la misma forma, por la confesión se nos da la gracia del príncipe, que es Dios; pero hay que padecer la pena que el pecado trae consigo. ¿Lo habéis entendido bien, hermanas mías?

Por tanto, hay que satisfacer por nuestros pecados; ¿y cómo podemos satisfacer a Dios? Es el jubileo el que pone en nuestras manos los tesoros de la iglesia. ¿Cuáles son esos tesoros? Son los méritos de la vida y de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, de la santísima Virgen y de los santos.»

SVP IX, 553

Para la reflexión personal

Con el Domingo de Ramos arranca la celebración de los misterios centrales de nuestra vida cristiana, para lo que hemos ido preparándonos esta Cuaresma. No tendría mucho sentido dedicar cuarenta días a prepararse para algo que, después, no vamos a vivir y celebrar. Hay que sostener las ganas. Os animamos a vivir con profundidad, intensidad y, si es posible, en comunidad esta Semana Santa.

Empezamos con un estallido de júbilo. Jesús es recibido como el Mesías, en Jerusalén, por la gente sencilla y los niños. Los pequeños han sostenido la esperanza, nunca la han perdido, sosteniendo que llegaría su liberación. Esta es nuestra fe en Jesucristo, él es el que anunciaron los profetas, viene a cumplir las promesas de Dios, el enviado de Dios para traer la liberación a su pueblo. Sostengamos nuestra fe.

Pero el Rey de los judíos no vendrá con un ejército, no será un libertador político, no son los romanos a los que pretende vencer. Es el Siervo sufriente de Dios, como profetizó Isaías, el que sostiene la cara a golpes y salivazos. La lectura de la Pasión en este día, nos deja muy claro a quién seguimos. Sabemos que la muerte, no tiene la última palabra, nuestra esperanza no es vana. Hay que sostener nuestra esperanza. ¡Sostener, hijo mío, la vida, como sea; fiel y comprometido, ¡contra viento y marea!

Canción: Sostener (Cristóbal Fones y Guillermina Beccar Varela)

Oración final

Señor, Tú que sostienes mi vida con tu amor infinito, ayúdame a ser fiel y comprometido, a resistir contra viento y marea, como el roble que aguanta el calor del verano. Fortalece mi fe, que es mi oro y mi plata, para sostener a los míos con paciencia y entrega. Que mi vida sea un testimonio de tu amor, y que, como Tú, yo pueda sostener con esperanza.

Amén.

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