Oración vigésimo tercer día de Cuaresma 2025

Hoy es jueves 27 de marzo. Vigésimo tercer día de Cuaresma.

Adentrado en la Cuaresma donde hemos reflexionado en varias ocasiones sobre el poder del mal en nuestro mundo, Jesucristo se nos presenta como la persona con un poder superior al mal que nos rodea.

En muchas ocasiones no encontramos donde apoyarnos o en quien sustentar nuestra debilidad para hacer el bien que desea nuestro interior y continuamos inmerso en la mediocridad, seamos capaces de oír con claridad a Dios, que desde nuestro interior, nos invita a ver a Jesús como quién es, el Mesías que viene a poner sentido a nuestra Vida.

Evangelio del día: Lc 11,14-23

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.
Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:
«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo:
«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín.
El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama».

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl

¿Y cómo puedo yo sentir su enfermedad sino a través de la participación que los dos tenemos en nuestro Señor, que es nuestra cabeza? Todos los hombres componen un cuerpo místico; todos somos miembros unos de otros. Nunca se ha oído que un miembro, ni siquiera en los animales, haya sido insensible al dolor de los demás miembros; que una parte del hombre haya quedado magullada, herida o violentada, y que las demás no lo hayan sentido. Es imposible. Todos nuestros miembros están tan unidos y trabados que el mal de uno es mal de los otros. Con mucha más razón, los cristianos, que son miembros de un mismo cuerpo y miembros entre sí, tienen que padecer juntos. ¡Cómo! ¡ser cristiano y ver afligido a un hermano, sin llorar con él ni sentirse enfermo con él! Eso es no tener caridad; es ser cristiano en pintura; es carecer de humanidad; es ser peor que las bestias.»

SVP XI, 560-561

Para la reflexión personal

En nuestra sociedad cada vez Dios es más prescindible, y cada día cuesta más trabajo apostar por seguirle en su misión de trabajar en la construcción de su Reino, sensibles al dolor de los demás, a los cuales no sentimos como parte de nosotros, ¿estoy permitiendo que esa incredulidad y esa duda me alejen de él?

Vivimos en una continua lucha entre mi parte interior que me pide no complicarme la vida y disfrutar de todo lo que me ofrece una sociedad del bienestar basada en el consumo y otra que me pide vivir plenamente en la entrega a los demás que se encuentran desamparados. ¿Estoy permitiendo que Jesús, el más fuerte, venza al mal de mi vida?

Este pasaje me recuerda la importancia del discernimiento y de tomar un decisión clara y firme: ¿estoy con Jesús o estoy contra él?

Canción: Los milagros de Jesús (Araceli Angélica)

Oración final

Tú que conoces mis debilidades, y que constantemente necesito de tu presencia en mi vida, dame fuerzas para ser capaz de seguirte y de trabajar por tu Reino, cuenta con mi humilde ayuda, pues si me tocas con el dedo de Dios, jamás olvidaré que no hay mayor amor ni mayor poder que el que brota del Ti.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

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