Hoy es 23 de marzo, III Domingo de Cuaresma.
Celebramos la festividad de Santo Toribio de Mogrovejo principalmente conocido por su labor misionera , ordenado sacerdote y más tarde nombrado arzobispo de Lima .Asumió esta responsabilidad con gran humildad y devoción, comprometiéndose a servir a Dios y a su comunidad. En Lima, el santo enfrentó desafíos significativos, incluida la decadencia espiritual y los abusos cometidos por conquistadores y eclesiásticos. Su determinación por corregir estos males lo llevó a sufrir persecuciones y calumnias. Pero, a pesar de todo, nunca abandonó su misión. Su compromiso con los más necesitados se reflejaba en su generosidad y desinterés total por lo material, y en su incansable trabajo por mejorar las condiciones de vida de los indígenas y los menos privilegiados. Su devoción continúa siendo un faro de inspiración para millones de fieles, recordando su ejemplo de servicio desinteresado y amor por el prójimo.
Que en este rato de oración abramos nuestro corazón a la presencia del Padre para que en este encuentro con El descubramos nuestra misión en la vida y la hagamos realidad; trabajando por un mundo más justo, superando adversidades y teniendo como fuerza el amor a nuestros hermanos y hermanas.

Evangelio del día: Lc 13, 1-9
En aquel tiempo llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que ecaran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: «Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?» Pero él le respondió: «Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, las cortas.»
¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!
Enseñanzas de San Vicente de Paúl
El amor afectivo es sospechoso, si no es efectivo. Unir la oración con la vida apostólica. Amemos a Dios, hermanos míos, amenos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente. Pues muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia, y otros semejantes afectos y prácticas interiores de un corazón amante, aunque muy buenos y deseables, resultan sin embargo muy sospechosos, cuando no se llega a la práctica del amor efectivo: «Mi Padre es glorificado, dice nuestro Señor, en que deis mucho fruto». Hemos de tener mucho cuidado en esto; porque hay muchos que, preocupados de tener un aspecto externo de compostura y el interior lleno de grandes sentimientos de Dios, se detienen en esto; y cuando se llega a los hechos y se presentan ocasiones de obrar, se quedan cortos. Se muestran satisfechos de su imaginación calenturienta, contentos con los dulces coloquios que tienen con Dios en la oración, hablan casi como los ángeles; pero luego, cuando se trata de trabajar por Dios, de sufrir, de mortificarse, de instruir a los pobres, de ir a buscar a la oveja descarriada, de desear que les falte alguna cosa, de aceptar las enfermedades o cualquier cosa desagradable, ¡ay!, todo se viene abajo y les fallan los ánimos.»
SVP IX, 733
Para la reflexión personal
En la primera parte del Evangelio descubrimos la necesidad que tenemos los seres humanos de cambiar nuestras mentalidades, nuestras actitudes para de que asi tengamos una verdadera conversión de todo aquello que nos separa del prójimo y del Padre.
En la segunda parte se nos muestra cómo a pesar del cuidado de nuestro viñador con cada uno de nosotras y nosotros si no hay un arrepentimiento y un cambio en nuestra manera de actuar no daremos fruto alguno, y estaremos desperdiciando cada día de la vida que nuestro Dios nos regala, que no es otra cosa que una nueva oportunidad para lograrlo.
¿ Qué frutos espera Dios que demos hoy cada uno de nosotros y nosotras?.
¿Cómo podemos abonar nuestro día a día para dar esos frutos?
Canción: La higuera seca (Salomé Arricibita)
Oración final
Que descubramos y sintamos cada día la paciencia y confianza que tiene nuestro Padre con cada uno de sus hijos e hijas. Que no olvidemos nunca que Dios nos ama y nos da cada día una nueva oportunidad para dar frutos en abundancia.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
