Oración Miércoles de Ceniza 2025

Hoy es 5 de marzo, Miércoles de Ceniza. 

Comenzamos, un año más, el camino de la Cuaresma. Una nueva oportunidad que la Iglesia nos ofrece para profundizar en nuestra fe; para seguir avanzando en nuestro proceso personal de conversión. Además, en este Año Jubilar, como Peregrinos de esperanza debemos procurar que «el testimonio de los creyentes sea para nuestro mundo fermento de auténtica esperanza, presagio de cielos nuevos y de una tierra nueva donde los hombres y las mujeres habiten en justicia y armonía, en la espera gozosa del cumplimiento de las promesas del Señor».

(La Esperanza no defrauda: Bula de Convocación del Jubileo Ordinario del Año 2025).

Evangelio del día: Mt 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl

El padre Vicente le pidió al padre Alméras, su asistente, que se encargase en serio de que todos los meses se propusiera este tema de meditación, así como también el de la envidia y la pereza, porque — decía — , lo mismo que el agua va socavando y horadando la piedra, incluso el mármol, a fuerza de caer gota a gota sobre él, también hay motivos para esperar que, meditando con frecuencia en estos temas, la gracia de Dios nos toque y nos mueva a librarnos de estos malos vicios y a adquirir la humildad, que es la virtud contraria. Algunas veces me fijo en la piedra sobre la que cae el agua en nuestra sacristía; a pesar de su dureza y de que sólo cae gota a gota, no deja de horadarla. Por eso podemos esperar también que estos temas, meditados y vueltos a meditar varias veces, se imprimirán finalmente en nuestros corazones con la gracia de Dios, a pesar de que seamos más duros que las piedras. ¡Ay, padres y hermanos míos! Decidme, por favor, qué es lo que vino a hacer el Hijo de Dios al mundo y qué es lo que quiso parecer, una vez en él: ¡un hombre humilde! »

SVP XI, 110

Para la reflexión personal

El Evangelio de hoy ha comenzado con un gran aviso: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”. La Iglesia nos propone tres medios clásicos para avanzar en nuestro proceso de conversión durante la Cuaresma: limosna, oración y ayuno. Sean estos los que pongamos en práctica o sean otros, la motivación ha de ser auténtica. San Vicente de Paúl decía que Satanás se esfuerza siempre por apartarnos de las enseñanzas evangélicas, proponiéndonos las suyas, y que una de ellas es el deseo de aparentar ante los hombres, como los hipócritas del evangelio. Recomendaba a los misioneros que la virtud contraría, para combatirla, es la humildad. No podemos hacer limosna, oración y ayuno para que vean nuestro esfuerzo. Tampoco podemos despreciar estas prácticas por pensar que no las necesitamos. No buscamos conversión para demostrar lo buenos que somos; ni siquiera por ser más perfectos o mejores cristianos. La humildad tiene que llevarnos a comprender que solos no podemos, que necesitamos la gracia que actúa en las mediaciones de ese Padre que ve en lo escondido. Y eso es, precisamente, un motivo de esperanza para nuestro camino cuaresmal porque es Dios quién hace su obra en nosotros. 

Canción: Quien diga que Dios (Shemá)

Oración final

Padre misericordioso, me acerco con humildad a ti, para pedirte que las cenizas que hoy recibo, sean signo de un verdadero y sincero deseo de estar más cerca de ti, y que tu gracia pueda abrir paso a una conversión más profunda de mi corazón. Que la gracia del Jubileo reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor. A ti, Dios bendito eternamente, sea la alabanza y la gloria por los siglos.

Amén.

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