Oración décimo primer día de Cuaresma 2025

Hoy es sábado 15 de marzo. Décimo primer día de Cuaresma.

Hace pocos días que comenzamos el camino de la Cuaresma. Piensa en tu compromiso de este año y evalúa cómo te sientes. Ven al encuentro con Jesús y fortalece tu espíritu para cumplirlo.

Evangelio del día: Mt 5,43-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

¡Palabra del Señor! ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Enseñanzas de San Vicente de Paúl


Por tanto, nuestra vocación consiste en ir, no a una parroquia, ni sólo a una diócesis, sino por toda la tierra; ¿para qué? Para abrazar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla de su amor. ¿Qué otra cosa hemos de desear, sino que arda y lo consuma todo? Mis queridos hermanos, pensemos un poco en ello, si os parece. Es cierto que yo he sido enviado, no sólo para amar a Dios, sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios, si no lo ama mi prójimo. He de amar a mi prójimo, como imagen de Dios y objeto de su amor, y obrar de manera que a su vez los hombres amen a su Creador, que los conoce y reconoce como hermanos, que los ha salvado, para que con una caridad mutua también ellos se amen entre sí por amor de Dios, que los ha amado hasta el punto de entregar por ellos a la muerte a su único Hijo.»

SVP XI, 553-554

Para la reflexión personal

Vivimos en una sociedad competitiva en la que cada uno de nosotros busca satisfacer sus sueños, expectativas y deseos. Desgraciadamente, a veces, entendemos que esto solo será posible, a través del sufrimiento del otro. La lectura de hoy dice …aborrecerás a tu enemigo. Actualmente, esta palabra puede ser un poco fuerte. ¿Quién es tu enemigo? Posiblemente la respuesta será yo no tengo enemigos. Y puede ser verdad, pero, ¿cómo tratamos a los que consideramos amigos? Si profundizamos un poco más, nos descubriremos a desear que nuestro compañero/a no sea promovida, que nuestros padres no elogien a nuestros hermanos, que nuestros amigos no consigan ir vacaciones a ese lugar que yo también deseo. ¿Será que esa es la manera correcta de amar? San Vicente nos dice amar a Dios y amar al prójimo. En su bula para el Jubileo, el Papa habla de gestos de esperanza que pueden ayudar a propagar el amor. ¿Qué puedo cambiar, qué gestos puedo hacer, que me ayuden a ser sembrador de esperanza y amor? 

Canción: Levántate (Natan El Profeta)

Oración final

Dios amoroso, 

Vuelve mis ojos al prójimo, que pueda ver a cada uno como tú me ves a mí— con una dignidad innata que trasciende apariencias, circunstancias, clase y todo estatus terrenal que son temporales. Ayúdame a ver al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Vuelve mis oídos al prójimo, que pueda escuchar su clamor tal como tu escuchas el mío— con una compasión y ternura que me acerca más en medio del sufrimiento. Ayúdame a escuchar al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Vuelve mi mente al prójimo, que yo pueda llegar a entenderlos como tú me entiendes— luchando por encontrar sentido y plenitud en un mundo que está fragmentado, y tu luz en un mundo sombrío. Ayúdame a comprender al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Vuelve mis pies al prójimo, que pueda acercarme a ellos a través de las brechas que nos separan— brechas ampliadas con demasiada frecuencia por las ilusiones de la familia, la tribu, credo, raza… incluso la propia alteridad. Ayúdame a acercarme al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Vuelve mis manos al prójimo, que los pueda servir como tú me sirves— con un toque que purifica, que sana, que alimenta, y que tranquiliza. Ayúdame a servir al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Vuelve mi corazón al prójimo, Que pueda amarlos como tú me amas— firme, clemente, siempre misericordioso, con paciencia, viendo mi alegría en la suya. Ayúdame a amar al prójimo como tu hijo amado, eternamente. 

Dios amoroso, Vuelve mi vida al prójimo, que pueda vivir en solidaridad con ellos, y por lo tanto contigo, para siempre

Amén.

Entrada anterior
Oración décimo día de Cuaresma 2025
Entrada siguiente
Oración segundo domingo de Cuaresma 2025