Oración Domingo de Resurrección

«Al tercer día resucitó», en esta piedra angular se basa nuestra fe cristiana.

¡¡¡¡¡El Señor de la Vida había muerto, pero ahora vive y triunfa!!!!!
El Domingo de Pascua es el día en el cual Jesús salió de su sepulcro. La historia cuenta que en cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con María esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.
Éste es el día de la esperanza universal, el día en que, en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
Hoy celebramos que en la Resurrección la vocación cristiana descubre su misión: acercarla a toda la humanidad.

EVANGELIO DEL DÍA: Jn 20,1.16-18

«El primer día de la semana María Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra ya había sido quitada del sepulcro. Entonces corrió y fue adonde estaban Simón Pedro y el otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde lo han puesto”.
Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, y fueron hacia el sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro; e inclinándose para mirar adentro, vio las envolturas de lino puestas allí, pero no entró. Entonces llegó también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro, y vio las envolturas de lino puestas allí, y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte. También entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. Porque todavía no habían entendido la Escritura de que Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Los discípulos entonces se fueron de nuevo a sus casas. Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó y miró dentro del sepulcro; y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
“Mujer, ¿por qué lloras?”, le preguntó, “que se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”, les contestó ella.
Al decir esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús. “Mujer, ¿por qué lloras?”, le dijo Jesús, “¿a quién buscas?”.
Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: “Señor, si usted lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo me lo llevaré”.
“¡María!”, le dijo Jesús. Ella, volviéndose, le dijo: «¡Raboní!» (que en hebreo quiere decir Maestro). Jesús le dijo: “Suéltame porque todavía no he subido al Padre; pero ve a mis hermanos, y diles: ‘Subo a Mi Padre y Padre de ustedes, a Mi Dios y Dios de ustedes’”.
María Magdalena fue y anunció a los discípulos “¡He visto al Señor!”, y que Él le había dicho estas cosas».

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

Y fueron mujeres…

Los primeros testigos de la Resurrección, cuyo testimonio de nada valía para el mundo. Sus manos embalsamaron con todo el cariño el cuerpo de Jesús tras el
descanso del sábado… pero intuían que había algo más… no podía ser que el que había entregado radicalmente su vida para librarnos de nuestras muertes, quedase encerrado en el sepulcro. Quizá porque nadie como la mujer tiene la vivencia de que hay dolores desgarradores que acaban dando a luz vida. No se puede buscar entre los muertos al grano de trigo que muere para dar vida; no se puede buscar entre los muertos al que «se puso radicalmente del lado de la vida». Por eso, cuando iban de camino, sin saber quién les iba a correr la pesada piedra, se estaba ya gestando el alegre anuncio que iban a recibir: «No está aquí, ha resucitado».

No está aquí:

Donde seguimos dominados por todas estas muertes que nos imponemos los unos a los otros: desigualdad, soledad, marginación, desprecio, xenofobia, abandono, descalificación, violencia, competitividad, guerras… Allí no está Cristo, allí no está su Espíritu…
No se puede buscar entre los muertos al que vive; no puede estar entre los muertos aquel que ha sido capaz de entregar su propia vida y ha asumido que era mejor morir que aceptar pasivamente. ¡Hay que estar dispuesto a perder la vida para ganarla!

Ha resucitado…

En las personas que pasan haciendo el bien, en los que cumplen la voluntad del Padre, en los que sirven antes de desear ser servidos, en los que están del lado de la vida y trabajan incansablemente contra la muerte dondequiera que la encuentren. En aquellas personas que como Jesús y sus amigos luchan contra la muerte violenta, contra la muerte social y la muerte física. El está allí cuando se lucha por liberar a la persona de todas esas muertes.

¡¡¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!!!

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