Oración decimoséptimo día de Cuaresma

Hoy es 18 de marzo, viernes de la II semana de Cuaresma. En nuestro caminar cuaresmal hoy la Palabra de Dios nos regala la parábola de la viña, símbolo del pueblo de Dios, que requiere cuidado y amor. El Señor ha puesto al frente de su viña a enviados suyos, a los que pide fidelidad y espíritu de servicio, para responder al Señor con los frutos que el Señor espera de la viña. Traemos a nuestra oración de hoy a todas las personas que en los últimos días se han visto obligadas a huir de su país para que encuentren en otros los frutos de su viña.

EVANGELIO DEL DÍA: Mt 21,33-43.45-46

«En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
“Escuchad otra parábola:
‘Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cayó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.
Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.
Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?’.
Le contestan: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”.
Y Jesús les dice: “¿No habéis leído nunca en la Escritura: ‘La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente’?.
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.
Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta»
.

¡Palabra del Señor!; ¡Gloria a Ti, Señor Jesús!

TEXTO VICENCIANO:

«La espiritualidad misionera también está marcada por la caridad apostólica, la caridad de Cristo que vino “para reunir en uno a los hijos de Dios que están esparcidos” (Jn 11,52), del Buen Pastor que conoce a sus ovejas, que las busca y ofrece su vida por ellos (cf. Jn 10). Aquellos que tienen el espíritu misionero sienten el amor ardiente de Cristo por las almas, y aman a la Iglesia como Cristo lo hizo. El misionero es impulsado por “entusiasmo por las almas”, un entusiasmo inspirado en la propia caridad de Cristo, que toma la forma de preocupación, ternura, compasión, apertura, disponibilidad e interés en los problemas de las personas. El amor de Jesús es muy profundo: Él, quien “sabía lo que había en el hombre”, amó a todos ofreciéndoles la redención y sufrió cuando fue rechazada».

Discípulos en Misión 3.2, pág. 9.

REFLEXIÓN PERSONAL:

El Señor nos envía como trabajadores en su viña, no como dueños, sino con la misión de cuidar la viña, el Pueblo de Dios, y dar al Señor los frutos que espera. Para vivir esta misión necesitamos vivir la caridad pastoral, ese amor ardiente que el Señor tiene por todas las personas. Él entregó su vida por la salvación de todos, y nosotros somos testigos de ese amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, que da la vida por los amigos.
¿Cómo trabajo en la viña del Señor? ¿Le entrego al Señor los frutos que espera de mí?
¿Cómo vivo la caridad apostólica?

CANCIÓN: En la viña del Señor

ORACIÓN FINAL:

Gracias, Señor porque me has invitado a trabajar en tu viña, haciendo presente entre mis hermanos el Reino de Dios. Gracias por la caridad de Cristo, que se ha encarnado en medio de su pueblo , nos ama hasta el extremo de dar su vida por todos, y confía en nosotros para continuar su obra, viviendo el espíritu misionero desde un amor ardiente por el hermano, especialmente el que más sufre y más necesita experimentar el amor de Cristo.
Danos la gracia de ser fieles en nuestra tarea misionera, viviendo la caridad apostólica de Cristo Salvador, de entregarte los frutos que pides de nuestra vida y ministerio.

Amén.

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