Sábado Santo

por | 03/04/2021

Imposible callar…

Ya es sábado, has caminado a la par del último día de vida terrena de Jesús de Nazaret. Desde la última cena hasta su sepultura. Hoy es un día para reposar todos estos sentimientos y preguntarles a que te mueven.

Es tiempo de desierto, de rato con Dios y contigo mismo.

Es el último desierto de la Pascua…

Ve a un lugar calmado, en lo posible alejado de tu  gente, así no te distraes, ponte cómodo, respira hondo y ponte en presencia de Dios…

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo… y ahora sí.

Ahora mismo estás solo, sentado en un lugar «sin ruidos». Tienes ante ti un largo momento de reflexión para ti mismo. Pregúntate:

¿Cómo está tu vida?¿Cómo te sientes en este momento?

Silencio

En muchos pasajes de la Biblia, el desierto aparece como símbolo de encuentro con Dios: cuando Israel lo cruzó para llegar a la «tierra prometida»; y también cuando Moisés descubrió su vocación de liberador. Abraham lo dejó todo para descubrir el nuevo mundo al que era llamado; fue el lugar donde Juan se preparó para su misión y también donde Jesús y ahora nosotros afrontamos la pregunta:

¿Padre, qué quieres de mí?

Silencio

Hoy es Sábado Santo, es día de silencio. Déjate mover por el silencio, déjate mover por el amor, es un día de luto en el que el Señor «no está», ha muerto, se ha ido.

Hoy es el día de sentarnos, y simplemente guardar silencio… de duelo y de estar en silencio con Jesús…Y entonces tal vez, podríamos escuchar algo a lo que no estamos acostumbrados… La voz del silencio, esa que surge del vacío. A Dios le gusta el silencio. El Espíritu de Dios es Maestro del silencio, y en el silencio obra y habla y se hace presente y enciende hogueras de vida. El Espíritu habla en el silencio. Invoquémosle:

Dios mío, ilumina las tinieblas de mi corazón
y concédeme una fe que me guíe,
una esperanza que me sostenga
y un amor que nada excluya.
Permíteme sentir quién eres tú, Señor,
y reconocer cómo cumplir tu mandato.

En este día experimentamos el vacío. El Sábado representa en la vida cristiana esos momentos de vacío, de niebla en los que lo único posible, la única salida que existe es la espera y la esperanza.

El sepulcro vacío es el punto de partida de la fe de María Magdalena y de los apóstoles que van, de mañana, hacia el lugar donde han dejado enterrar al amigo. Y lo encuentran vacío. El vacío no es igual a la nada; es sólo el lugar donde podemos comenzar a descubrir lo que ni nos habíamos imaginado.

Será un vacío estéril si corres a llenarlo de experiencias, cosas y personas para salir huyendo de la incertidumbre y el miedo que te produce.

El vacío fértil, sin embargo, es cuando conectas con la oportunidad de escribir en tu página en blanco con lo nuevo y espontáneo. Cuando permites que florezca algo nuevo desde lo auténtico y espontáneo que está en ti.

De ti depende, transformar este momento de incertidumbre en confianza. De habitar este incómodo punto para dejar venir lo que está floreciendo. Para dejar que aparezca lo nuevo.

El vacío fértil es un desierto que florece. Un lugar, dentro de ti, donde la confianza tiene un regalo que hacerte.

Los discípulos  habían perdido a su Maestro, a su guía, a aquel en el que habían puesto su fe y sus esperanzas de que las cosas cambiarían, seguramente se preguntaban: y ahora ¿qué pasará?, ¿qué vamos a hacer?…

María, Madre, es la primera gran esperadora de las maravillas de Dios. María, la que esperó con inmenso amor de Madre la llegada de su Hijo en la noche de Navidad, espera también hoy, en la noche y el silencio, la obra de nueva creación que Dios tiene prometida.

Una madre a quien le han matado a su hijo y que espera que las cosas no terminen así… Una madre que espera la acción de Dios, como lo había prometido desde antiguo…

Solamente María esperaba, seguía esperando. El dolor no le arrancó la capacidad de descansar en Dios.

Los primeros discípulos comenzaron a «resucitar» antes de descubrir al Resucitado, cuando fueron reuniéndose con María. Ahí comenzó el inicio de lo nuevo que Dios preparaba…

Imagínate junto a María, la madre que acoge cariñosamente a sus hijos y les transmite, ante todo, la serenidad y la paz que brotan de la firmeza de su fe. En estos momentos necesitamos de sus palabras que disipen nuestras dudas y nos ilumine para comprender que lo esencial es volver a los orígenes, a la experiencia del encuentro con el Señor, que transformó nuestras vidas.

En silencio, escuchemos sus palabras…

Fragmento de «Llena de gracia»

Silencio

Él nos ha devuelto la vida, el amor. Nos deja el amor como ejemplo de vida y nos invita a seguirle, nos invita a hacerlo presente en cada aspecto de nuestras vidas, a vivir con amor. Tratar de ser mejores personas con cada gesto, cada actitud, palabra, acción, incluso con cada sonrisa, para así derramar amor. Seria precioso, ¿no? Y querido amigo tengo una muy buena noticia, eso sí es posible. Si Jesús nos invita a esto es porque podemos lograrlo. Él nunca te invitaría a un lugar al que no puedes llegar. Hoy Jesús te dice: «Todo lo que hagáis, hacedlo con amor» (1 Corintios 16,14). Y esto que nos propone es un amor 3D. Sí, sí, un amor con tres dimensiones: Amor hacia los demás, amor a Dios y amor a uno mismo.

Señor, haz que las tinieblas del Sábado Santo no sean eternas, envía un rayo de tu luz pascual a nuestros días, ven con nosotros cuando marchamos desesperanzados hacia Emaús, que nuestro corazón arda con tu cercanía.

Luz de Dios, disipa las tiniebla de mis dudas y guíame.
Fuego de Dios, derrite el hielo de mi indiferencia y abrásame.
Torrente de Dios, fecunda los desiertos de mi vida y renuévame.
Fuerza de Dios, rompe las cadenas de mis esclavitudes y libérame.
Alegría de Dios, aleja los fantasmas de mis miedos y confórtame.
Aliento de Dios, despliega las alas de mi espíritu y lánzame.
Vida de Dios, destruye las sombras de mi muerte y resucítame. Amén.

Imposible callar tanta esperanza

Nota: Para profundizar en la oración escuchada en boca de María Santísima, te invito a ver la película completa «Llena de gracia» en el siguiente enlace: https://youtu.be/h3WTcBNmuSk

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